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El Aleph

El Aleph

El Aleph+++++(10/10)


Título original: El Aleph
Autor: Jorge Luis Borges
Género: Fantasía, Relatos, Narrativa
Saga:
Año Copyright: 1949
Premios:


Fundamentales Sedice, 2006, Mejor novela o saga de fantasía (Puesto: 35)

Este volumen reúne dieciocho relatos de Jorge Luis Borges, entre ellos quizá los más elogiados y repetidamente citados. Tanto "El Inmortal" como "Los teólogos", "Deutsches Requiem" y "La espera" muestran las posibilidades expresivas de la "estética de la inteligencia" borgiana, inimitable fusión de mentalidad matemática, profundidad metafísica y captación poética del mundo.

Contiene:

  • "El inmortal"
  • "El muerto"
  • "Los teólogos"
  • "Historia del guerrero y de la cautiva"
  • "Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874)"
  • "Emma Zunz"
  • "La casa de Asterión"
  • "La otra muerte"
  • "Deustches Requiem"
  • "La busca de Averroes"
  • "El Zahir"
  • "La escritura del dios"
  • "Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto"
  • "Los dos reyes y los dos laberintos"
  • "La espera"
  • "El hombre en el umbral"
  • "El Aleph"
  • Reseña de El Aleph en solodelibros.

El Aleph
(0/10)
Autor: Jorge Luis Borges
Editorial / Colección: Alianza Editorial / Libro de Bolsillo
Género: Fantasía, Relatos, Narrativa
Edición: Rústica
Año Publicación: 2001

El Aleph
(0/10)
Autor: Jorge Luis Borges
Editorial / Colección: Alianza Editorial / Biblioteca 30 aniversario
Género: Fantasía, Relatos, Narrativa
Edición: Cartoné
Año Publicación: 1998


Resultado de Votos
Puntuación: 9.7, Votos: 9
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Alexis R. | 2008-11-13 18:31 |  Comentario al libro El Aleph de Jorge Luis Borges

En efecto, Jorge Luis Borges es maestro de la palabra. Estos relatos breves, brevísimos algunos, muestran una característica primordial: el rigor de la palabra, la descripción sin concesiones, ligando lo esencial al planteamiento y desarrollo de la acción. No deja de manifestar su erudición con interminables referencias escolásticas, históricas, de carácter filosófico.

Podríamos decir que su pluma es estilo de cirujano.

Se pretende en este relato, “el inmortal”, que no es propiamente un producto de su trabajo, sino una mera transcripción [“la versión que ofrecemos es literal”] de un documento encontrado en el último tomo de la Iliadade Pope…

Recuérdese que es una ficción utilizada por otros autores. Sin ir muy lejos, “El Quijote” también es un manuscrito escrito por un árabe Cide Hamete hallado fortuitamente.

La búsqueda de una ciudad mítica, la de los inmortales, la Ciudad Inmortal.

Existe, a modo de cita, un texto de Bacon que, si no traduzco erróneamente, cita el Eclesiastés: “Nada hay nuevo sobre la tierra”.

Este relato breve, como todos los que intervienen en el libro, se muestra como un viaje, diríamos, de purificación a regiones absolutamente simbólicas. Pensemos en el “desierto”, como lugar de liberación interior, si se quiere, en el “nicho” donde aparece, la “gruta”, la “luz” que le cegó, la “escalera” que le lleva en su gozo a la ¿felicidad?

En este viaje “fatigamos otros desiertos”, si comienza, surge donde “la montaña da nombre al Océano”, quizás, la Atlántida, continente mítico ya en Platón, cinco siglo después de Homero, para recorrer hacia el este [otro símbolo, ¿el edén?] y llegar a lugares de altas pirámides y torres…

Al fin, la Ciudad: antiquísima, interminable… ¿Un sueño?: “Abundaban el corredor sin salida, la alta ventana inalcanzable…” y añade: “[…] no puedo saber si tal o cual rasgo es una transcripción de la realidad o de las formas que desatinaron mis noches”.

De este viaje alucinatorio “sólo quedan palabras”, porque “[…] cada acto (y cada pensamiento] es el eco de otros que en el pasado lo antecedieron […] o el presagio de otros que en el futuro lo repetirán hasta el vértigo”.

Más ágil, menos simbólico, esta narración, “el muerto”, muestra, a mi parecer, la transformación de un gaucho en su patria de la pampa a lo largo de todo el continente, en su mar, la ambición fuera de la ley y el destino anunciado de una muerte occisa, absolutamente cotidiana, por infringir el código preestablecido.

En “los teólogos” quizás la lucha de frentes religiosos o la intolerancia tan incompatible con aquel ámbito humano, ya que “[…] en el paraíso, Aureliano supo que para la insondable divinidad, él y Juan de Panomia […] formaban una sola persona”. Si aquí, también en otros: todos somos los mismos.

Dos historias, el guerrero Droctulft y la destinada india de origen inglés, nos ilustran el misterio que alumbra lo más profundo del hombre: ese “ímpetu más hondo que la razón”, imposible de justificar.

Sigue un relato que es espejo del Martín Fierro, sobre todo, cuando relata el apresamiento por la policía por haber matado a un “moreno en un lupanar”, quiero recordar; al final, nos revela el sentido íntimo de la narración: la rebelión íntima porque “cada hombre debe acatar” el destino que lleva dentro.

Si “Emma Zunz” no es tan fantástico, pero si la frialdad de la venganza retenida, “la casa de Asterión” es un viaje alucinatorio al laberinto, al laberinto cretense del Minotauro, que también tiene y acepta su final.

¿Se podría modificar el pasado sin mayores consecuencias? ¿Podría hacerlo Dios? ¿Nos llevaría a “una suerte de escándalo de la razón”? [La otra muerte]

En “Deutsches Réquiem” existe ¿una confesión de la permanente violencia del ser humano y de su colectividad? “Mañana moriré, dice, pero soy un símbolo de las generaciones del porvenir”. “Lo importante es que rija la violencia, no las serviles timideces cristianas”: ¿existe algo en nosotros o en nuestra sociedad que nos permite incluso en el error estar convencidos de manera ciega?

Yo soy mi propio decurso vital o quizás discurso; sin él no existo. Si dejo de creer en mí, soy nada. Yo soy sólo ese fluir [mi vida y mi narración]. “Sentí […] que mi narración era un símbolo del hombre que yo fui, mientras la escribía y que, para redactar esa narración, yo tuve que ser aquel hombre...” [La busca de Averroes] El especular sobre qué pudo pensar Averroes acerca de la tragedia y de la comedia es un mero motivo sin mayor trascendencia.

Tanto en “El Zahir” como en “La escritura del dios” vuelve sobre la idea recurrente de la concatenación de causa-efecto. “Dijo tensión que si pudiéramos comprender una sola flor sabríamos quiénes somos y qué es el mundo. Tal vez quiso decir que no hay hecho, por humilde que sea, que no implique la historia universal y su infinita concatenación de efectos y causas. Tal vez quiso decir que el mundo visible se da entero en cada representación, de igual manera que la voluntad, según Schopenhauer, se da entera en cada sujeto”. [El Zahir] “Consideré que en el lenguaje de un dios toda la palabra enunciaría esa infinita concatenación de los hechos…” [La escritura del dios]

El Aleph, primera letra del alfabeto hebreo, un relato fantástico acerca de la existencia de un objeto que contiene la propiedad de ser el centro y la expresión del universo, ¿quizás la piedra filosofal?, o de la divinidad. Pretender ese conocimiento es imposible o lleva a la locura. “Me negué, con suave energía, a discutir el Aleph; […] y le repetí que el campo y la serenidad son dos grandes médicos”. “[…] temí que no quedara una sola cosa capaz de sorprenderme, temí que no me abandonara jamás la impresión de volver. Felizmente, al cabo de unas noches de insomnio, me trabajó otra vez el olvido”.

___________________________ © Alexis R.

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Clauargentina | 2007-09-28 18:46 |  Sobre "El Aleph"

A excepción de la "Historia del guerrero y la cautiva", en donde el bárbaro Droctulf abandona a los suyos, y termina defendiendo la elevada causa de Ravena, otrora motivo de su asedio; en donde una cautiva inglesa opta por establecerse definitivamente entre el desierto y las tolderías indígenas; y de "Emma Zunz", relato en el que la ambigüedad verbal atribuye a los hechos detallados una concatenación que, sin embargo, resulta simulada (significado y denotación); "El Aleph" es, básicamente, un libro de argumentos fantásticos, una sublime ensoñación borgeana. "El inmortal" (a opinión del mismo autor, la narración más trabajada del volumen) y "La escritura del dios", en efecto, bien podrían ser consideradas, sin riesgo de equivocación, como dos de las más sobresalientes historias místicas de todos los tiempos.

Por medio de formas impersonalizadas y amplias, el narrador consigue transmitir con sutileza maestra, un sinfín de jornadas vacías, monótonas, de pesadez invariable, en el relato titulado "La espera". Se trata de una ficción en la que un bandido decide esconderse de otro que quiere asesinarlo, y del cuál adopta su nombre. Los días de anónima existencia aparentan confluir en un único día perpetuo: pareciera que Villari (el protagonista) pretende paralizar el tiempo, para de ese modo, anular también el destino mortal anunciado. El final, como es característico en Jorge Luis Borges, es distante, enigmático, despojado de certidumbres.

"Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto" y "Los dos reyes y los dos laberintos", son piezas que reflejan, de manera fiel, la reincidencia del autor argentino sobre figuras simbólicas que han representado su invención, tales como el espejo, la brújula, el tigre, y tantas otras. La noción del mundo como un atroz laberinto, se erige a modo de metáfora existencial recurrente en toda su obra. Y quizá sea el laberinto precisamente, la efigie que mejor evidencie el intrincado mundo, complejo y voluble, que Borges nos ha legado a través de sus imperecederas páginas.

En "Biografía de Tadeo Isidoro Cruz", el literato lleva a cabo la encomiable tarea de llenar huecos, de explicitar lo que, en este caso, José Hernández no dejó escrito. En este relato puede apreciarse parte de la tradición gauchesca. Cruz, al grito de un chajá, comprende que su rumbo no es portar uniforme, sino fundirse con su valiente enemigo, y combatir junto a él, pues ambos son víctimas, ambos son victimarios.

Tal vez sea "Deutsches Requiem", crónica introspectiva de un torturador nazi antes de ser fusilado, descripción del ocaso del Tercer Reich; la pieza eminentemente más ideológica de las analizadas. Borges imploró, en su momento, por el triunfo aliado. Creía en la condena vaticinada, en el destino trágico alemán. Muy elocuentes e ilustrativas, me figuro, son las siguientes palabras, que anotó al 23 de agosto de 1944, y que bien pueden servir para comprender mejor el relato en cuestión: "Ser nazi (jugar a la barbarie enérgica, jugar a ser un vikingo, un tártaro, un conquistador del siglo XVI, un gaucho, un piel roja) es, a la larga, una imposibilidad mental y moral. El nazismo adolece de irrealidad, como los infiernos de Erígena. Es indudable; los hombres sólo pueden morir por él, mentir por él, matar y ensangrentar por él".

Predilección he tenido siempre por "La otra muerte", historia sobre la transformación del pasado y los espejismos del tiempo; cuyo protagonista es el entrerriano Pedro Damián (por Pier Damiani, prelado italiano), quien fallece dos veces: como taciturno hombre de campo, en Entre Ríos, en 1946; y como valeroso combatiente, en la sangrienta derrota de Masoller, en 1904.

El relato que da título al libro ha sido motivo de disímiles interpretaciones. A título personal, me ilusiona considerarlo, al igual que tantos otros, como una prefiguración literaria de Internet. En el sótano de la casa de la calle Garay, Borges puede ver el Aleph: aquella esfera tornasolada de dos o tres centímetros de diámetro donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos.

Leer cada página de "El Aleph" no es tan sólo sumergirse en hipnotizadores argumentos fantásticos, o apreciar una prosa deslumbrante, sino ejercitar el pensamiento, desafiarse mentalmente, cuestionarse acerca de la eternidad y el infinito, amalgamar lo real con lo ilusorio, y junto con Borges, preguntarse una y otra vez, sin soluciones definitivas, sin certezas absolutas, por la mismísima identidad del ser humano.

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Eldaril | 2007-06-04 16:30 |  genial

Hace poco que leí este libro y tengo que decir que ha resultado una de las lecturas más impresionantes de mi vida. Había leído en algún sitio que Borges es, después de Cervantes, el prosista en castellano más importante de la literatura. No me atrevería a ratificar esto, pero sí es cierto que es un libro de una profundidad filosófica increíble, de unas historias tan intensas e interesantes que quitan el aliento. Nada más empezar te encuentras con el inmortal y una ética para aquellos que no se pueden morir. La casa de Asterión me parece un relato digno de un genio. Y Deutches requiem es la maestría, la capacidad de ver nuevos puntos de vista y expresarlos con una genialidad pasmosa. Sólo una pega y es en estilo. Para mí, la sintaxis es muy rebuscada, quizás buscando ser erudito y casi críptico, cosa que hace a la novela mucho más pesada de lo que nunca debería haber sido. Sólo con este fallo le pongo un 9, pero es un nueve muy alto, una novela más que recomendable.

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